“Paraca”, una historia que no se olvida

Jacinto Adolfo Pabón jugó en Patronato de Paraná en tiempos del Padre Grella. En los 70 se trasladó a San José de Feliciano por trabajo. Allí vivió una situación trágica que hoy cuenta Lucía, una de sus hijas.

Ezequiel Re

“Le decían Paraca porque andaba de allá ´para acá´, no podía quedarse quieto”, recuerda hoy una de sus 8 hijos, Lucía Pabón Morales.

Se refiere a Jacinto Adolfo Pabón, quien nació en Paraná y se destacó como delantero en las juveniles de Patronato de Paraná. Su pasión era el fútbol. Y especialmente el Patrón. Creció bajo el credo de su fundador el Presbítero Bartolomé Grella y fue compañero de equipo y amigo de quien luego sería gobernador de la provincia de Entre Ríos, Raúl Uranga.

Era una vida feliz la de Paraca. En sus tiempos mozos jugando al fútbol. “Nos contaba que el Padre Grella solamente los dejaba jugar al fútbol si iban a misa. Mi papá era un buen jugador, era delantero”, apura Lucía hoy presidenta de la Asociación de Escritores de Entre Ríos (Adeer).

Jacinto siguió sus pasos. Descubrió el amor de su vida, Blanca Nilda Morales (hoy tiene 87 años), y formó una hermosa familia de 8 hijos.

Pero el destino se quebró un día de febrero en los años 70. Y allí comienza otra historia.

“Mi viejo murió muy joven, salvándome a mí y no pudo con mi hermana Rosarito, ella era mayor que yo tendría 10 u 11 años. Se murieron los dos en el Río Feliciano (Puente Paso Correa). El la encontró pero no la dejó. Aparecieron juntos sobre un camalotal ya fallecidos”, rememora Lucía casi 50 años después de ese tremendo hecho en la que la entrevistada tenía 5 años aproximadamente.

Jacinto fue llorado al igual que Rosarito porque la historia fue tremendamente dramática.

EL EPISODIO

“Las letras me ayudaron a sobrellevar esos momentos que fueron muy difíciles. A mí papá lo recuerdo como a un héroe. Murió un viernes 2 de febrero de 1970. Habíamos ido en familia a pasar el día. Yo tenía 5 años, éramos 8 hermanos. En un momento, salvo un hermanito que estaba en brazos de mi mamá, el resto nos metimos al agua en el Río Feliciano”.

Lo que siguió fue dramático, los chicos fueron arrastrados por la correntada, Jacinto corrió desesperado y logró sacar a seis de los siete hijos. Rosarito se empezó a perder de vista y Paraca no dudó. Pese al cansancio y al esfuerzo intentó salvarla. Pero no pudo. Desesperado y cansado logró tomar el pequeño cuerpecito, aunque ya era tarde. Primero falleció Rosario y luego Jacinto. Ambos fueron encontrados aferrados a un camalotal.

Lucía tiene recuerdos de esos tiempos. “Mi padre era una gran persona, creció en calle 3 de Febrero, cerca de la Iglesia Santa Teresita. Allí iba a colocar postes y alambrados de la vieja cancha de Patronato que se encontraba en esa zona. Antes jugaban en el ex Seminario, donde está hoy la Facultad de Ciencias Económicas”.

El fútbol fue su gran pasión, pero el deber laboral llamó. Primero en Paraná y luego en Luz y Fuerza de Feliciano. Allá fue. Pasaron seis meses de su estadía laboral con la familia hasta el momento de la tragedia.

“Fue un hecho traumático -rememora Lucía-, él  me saca del agua casi ahogada, me dolían los pulmones. Me tomó de los pelos y me tiró a la orilla.  Nosotros no teníamos idea de la muerte y esperábamos que vuelvan. Luego fue difícil. No había apoyo psicológico como ahora.  El proceso de duelo de mi mamá fue largo. Durante 10 años colocaba dos platos más en la mesa por ellos. Y por 10 años le compró la ropa a mi hermana fallecida”.

El destino mostró una fatal jugada el 2 de febrero de 1970. Paraca, muy querido en Patronato, dejó su vida en el Feliciano, al igual que su pequeña hija Rosarito. “El tiempo ayuda a cerrar heridas, pero no a olvidar”, concluye Lucía.  

Una poesía

Lucía Morales es docente y se dedica a las letras. De hecho participa de un ciclo radial en FM Cambalache de Paraná. Su primer libro se llama “Apuntes para un río”, de Editorial Ana. Y el otro es una antología que prepararon con siete autoras. Se llama “Enaguas de río”, también de editorial Ana.

Una de las poesías que escribió el año pasado  fue compartida por muchos lectores. La unió con otra tragedia, la de Fiorella Furlán, la joven que el año pasado murió al caer con su auto en un arroyo. “Ese suceso recordó nuestra historia familiar y le escribí unas palabras. Pienso que todos los accidentes se pueden evitar, pero no se qué pasa con Dios y con el destino de cada uno”.

“Me lleva el agua…

Y se me buscan

entre las piedras

y los rescoldos

del caudaloso arroyo

y en cada junco

que toca mis cabellos

de cada cuenca

de mi Paraná

Y tu mirada

que es la mía

Y en el adiós de mi voz

que guardarás en tus oídos

En la etéreas nubes grises

En cada noche

destellante de relámpagos

En el amanecer de la incertidumbre

Y el atardecer melancólico

de las lluvias de verano

Me encontrarás

en cada ser

que me llevo en su alma

y me acompañó en este viaje

No llores papá

Me lleva el agua

para estar siempre

inmortalizada en tus recuerdos

y en los de todos

que pronunciaron

mi nombre”.

En el recuerdo

-El apodo de Jacinto Adolfo Pabón era Paraca.

-Nació en Paraná el 14 de junio de 1933 y falleció el 2 de febrero de 1970, tenía 37 años.

-Fue delantero de Patronato, desde los 6 años (1939).

-Se casó con Blanca Nilda Morales. Tuvieron 8 hijos: Miguel, María, Rosario, Celina, Alfredo, Claudia, Lucía y Javier.

-Jacinto decide aceptar un trabajo en San José de Feliciano en 1969. Con un buen sueldo y un cargo importante en una empresa del estado.

-Allí compró posteriormente un campito en sociedad con el comisario del pueblo. Tenían vacas y ya estaba la idea de abrir una carnicería con otro socio.

-El viernes 2 de setiembre se acercaron al Río Feliciano (Puente Paso Correa) para desarrollar un almuerzo campero.

-En un momento decide tomar una siesta debajo de un frondoso árbol. Pero lo despiertan gritos horrendos.

-Logró rescatar a sus hijos, menos a Rosarito.

-Encuentra en el agua a su pequeña hija y la toma de la cintura con un brazo, con el otro nada hasta la orilla y se aferra a una raíz de un sauce llorón, esperando el rescate.

-A la noche de ese mismo día las noticias anunciaban la triste historia de un joven padre abrazado a su hijita de 10 años, encontrados sobre un camalotal, entre las sumergidas y quebradas raíces de un sauce, que nada pudo hacer para sostenerlos.

Fuente: Mirador de Entre Ríos

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