Gabriel, el nombre indicado

A horas de su debut como entrenador de Primera División, el ex defensor y también periodista deportivo, debe estar viviendo sus horas de mayor ansiedad. Pero Graciani ya ganó.

Ezequiel Re

Hace varias temporadas atrás, cuando el equipo navegaba en la incertidumbre de un futuro poco venturoso, Patronato visitaba a Sportivo Belgrano de San Francisco, por el Argentino B. Fue 2 a 2 y aquel equipo que dirigía Luis Murúa empezaba a enderezar su camino. Pocos creían en ese equipo. Y la mayoría ya vaticinaba un futuro atroz.

Sin embargo ese elenco estuvo a punto de ascender (2006) y dos temporadas después subió al Argentino A y de allí a la B Nacional y años después a Primera A donde ya lleva 5 años.

De esas experiencias, de esos vestuarios, un nombre sigue en pie. Y es el de Gabriel Graciani. Abanderado del esfuerzo, del sacrificio igual talento, de la actitud. No le sobraba nada como marcador lateral. Pero nunca se entregó y de ahí que se gane la admiración de los hinchas. Y estudió para ser técnico y le agregó la carrera de periodista deportivo donde incluso comentó partidos en una radio.

Graciani ya ganó y Patronato también. Al margen de lo que pueda pasar ante Aldosivi de Mar del Plata por la segunda fecha de la Fase Complementación. De un día a otro, con su designación, cambio críticas por apoyo. Y solamente algún trasnochado estadista podría estar pendiente en el partido con el Tiburón para definir su continuidad.

Graciani ya ganó. Y Patronato también. Son los mismos de un plantel que viene cosechando derrotas. Algún juvenil más, algún experimentado de poco resultado menos. No se puede pedir que el equipo de un 4 a 0 a otra fecha sea elegante, de buen juego, equilibrado, explosivo. Pero dicen los entendidos que la actitud no se negocia. Y ese era el plus del Patrón. La actitud nunca se negoció. Y esa actitud es la que se perdió. Quien más actitud tuvo en Rosario hace unos días fue el pibe Barreto que se largó a llorar. Sintió la camiseta. La lloró y lloró por su suerte esquiva en ese momento.

La actitud no se negocia. No sé si esa frase tan usada en el fútbol alguna vez fue pegada en el vestuario de Patronato. Porque no hacía falta. Rondaban los ejemplos.

Graciani fue el primero en llegar a la pensión humilde a un costado de la cancha en los inicios del 2000. Supo de la comida escasa y del calor insoportable que a veces, dicen, los llevaba a esos pibes a dormir en el campo de juego o debajo de una tribuna. Dieron todo por el Patrón y hoy el Patrón señala a Graciani, como el cerrajero para abrir un mejor futuro y cerrar una mala experiencia.

No sé si ante Aldosivi Patronato podrá enderezar el rumbo en el resultado, pero si volverá a recordar aquel espíritu batallador que supo impregnar en canchas hostiles o en canchas acomodadas. El sello de Patrón. El que tenía a Graciani como protagonista. Y hoy, desde un buzo, con su sonrisa a cuestas y lenguaje moderado, tratará de impregnarles a sus muchachos.

No sé porqué. Pero a todos afectó esta seguidilla de derrotas. A mí también. Y me hizo recordar las razones por las que desde mi puesto en una cabina de transmisión empecé a seguir al Santo. Y recordé los duros 90, los ilusionados 2000 y los últimos años felices. Recordé a la Cata y Rulo Fontana y

los mates en un vestuario sencillo. Recordaba el esfuerzo de los pibes en tiempos de pocas monedas de retribución. Y en esta época tan distinta. De sueldos acordes, y cuentas equilibradas.

Y pienso en la charla de Graciani en el vestuario mañana. Ese que marcó a fuego hace unos años todos y cada uno de los ascensos. En el momento de hablar de técnicas, tácticas, seguramente saltará la palabra actitud. Y tal vez alguien recuerde que la actitud no se negocia.

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