“El ascenso lo teníamos que ganar nosotros en la cancha”

ROBERTO CAMILO AYALA fue Jugador, técnico de fútbol, presidente de un club, funcionario municipal, piloto de Rally Entrerriano y ahora dedicado full time a su fábrica de quesos en su campo de 4 hectáreas donde también se inició en el rubro ganadero. A sus 69 años, nació en El Pingo el 14 de junio de 1952, dice estar “activo y bien”. En esta nota con ANÁLISIS cuenta anécdotas y habla de su hijo Roberto Fabián, por mucho tiempo capitán de la Selección Argentina de Fútbol. La muerte de Paloma Quinteros, cuando por “error” salvó su vida, las finales frustradas con Atlético Paraná y su paso por la política, fueron otros de los temas.

Ezequiel Re

Roberto Camilo Ayala ha sido un defensor símbolo de la década del 70 especialmente del fútbol paranaense. Sus genes para la marca las trasladó a Roberto Fabián quien   brilló en River, Europa y la Selección Argentina de Fútbol. Hoy, a sus 69 años, se siente vital y lo cuenta en esta nota. No solamente habla con pasión de los recuerdos de otros tiempos, sino que se entusiasma con su actualidad al frente de su fábrica de quesos. También es un incipiente productor ganadero en la zona de Colonia Crespo. “Mi hijo nunca me bancó económicamente, sino en vez de 4 hectáreas de campo tendría 1000”, concluye en relación al ex capitán de la Albiceleste.

-¿Cuál fue tu primer trabajo?

-Mi primer trabajo fue como cadete en el Gran Hotel Paraná, frente a la Plaza 1 de mayo. Tenía 12 años y llevaba las valijas de los pasajeros. Yo quería jugar al fútbol y eso no me dejaba; por lo tanto, busqué y conseguí otro trabajo que consistía en teñir zapatos en una zapatería. Entonces, laburaba mediodía y el tiempo restante practicaba o jugaba. De esta manera, terminé la escuela secundaria cursando a la noche.

Después, quería ganar más porque era muy poco el dinero que pagaban; entonces, me hice viajante porque me gustaba la venta y fui vendedor de Comercial Repica, de unos amigos, Renaud, Pierotti y Cacciabué.

-¿Qué edad tenías?

– Tenía entre 16 y 17 años, y viajaba por el interior de la provincia; pero, el drama era porque no podía entrenar. Por ejemplo si iba a Chajarí pedía permiso al Club Vélez Sársfield para entrenar. Siempre me llevaba mi equipo de entrenamiento. El preparador físico me daba las tareas y donde me encontraba, entrenaba solo. En realidad, no podía haber jugado al nivel que jugué porque no me entrenaba como debía.

-¿Después te fuiste quedando en otros trabajos?

-Tuve la oportunidad de ponerme por mi cuenta.  Tengo un mal recuerdo de ese período. Mi patrón era Luis Renaud, quien era el presidente del Atlético Neuquén. Yo, dirigía en la “B” a esa institución y jugaba en la “A” con Atlético Paraná. Nuestro masajista le pegó un tiro a Renaud y lo mató.

– Pero, ¿hubo algún motivo?

“Cuando asumí el cargo en Neuquén, lo hice porque la institución se remataba, prácticamente que me lo tiraron por la cabeza”.

-No alcanzaban los autos para ir a la cancha de Don Bosco para disputar un partido por la Liga Paranaense de Fútbol. Yo dí la orden de que el masajista se quede porque él no jugaba. Cuando llegó a la comisaría, dijo “lo maté al ‘Chueco’ Ayala”, pero se equivocó. Él sabrá qué se le cruzó en la cabeza.

-¿En qué época fue esta situación? ¿Te marcó esta historia?

-Fue el 14 de junio de 1986, el día de mi cumpleaños. Me costó porque tuve que independizarme porque no podía seguir en la empresa si no veía a este hombre, porque era un amigo. Me ayudaron algunos amigos al prestarme vehículos para que pueda salir a vender la mercadería. Así, arranqué por mi cuenta hasta que pude hacer la quesería que tengo en la actualidad. Ahora, estoy haciendo queso y criando algunos animales. 

-¿Dónde empezaste tu trayectoria futbolística?

-En Atlético Neuquén Club. Debuté en la Primera División cuando tenía 14 años y después me llevaron a Racing de Córdoba porque me vieron jugar. Estuve un año allá, pero nunca me pagaron, ni pagaban la pensión y el club estaba muy mal. La señora de la pensión me decía: “Mijo, váyase porque a mí no me pagan”. Entonces, volví a jugar en Neuquén y cuando tenía 18 años, Atlético Paraná compró mi pase.

Hasta que en 1976 me llegó una oportunidad en Vélez. Me había visto en un partido que le ganamos a Talleres de Córdoba su técnico Manuel Giúdice y me llevó a probar. 

Pero Paraná me declaró intransferible y luego puso un precio elevado por el pase. Recuerdo que Giúdice bajó hasta el vestuario y le preguntó a Alberto “Pulga” Ríos, quién era el “2” del equipo. Me recomendó y le dijo que me llevaran, pero el problema fue zafar del club. Efectivamente fue un problema. Las personas de Vélez me contaron que con el dinero que pedía Atlético Paraná, podían comprar a Daniel Passarella (jugador de River y la Selección Argentina). Me reí porque a mí no me conocía nadie y tampoco era Pasarella. Era algo irrisorio.

-En esa época a muchos jugadores les ha pasado…

-No tenía otra opción. Estuve un año sin jugar y no quería jugar más al fútbol.

-¿Vos terminaste de jugar en Atlético Paraná?

-Tenía 33 años y terminé jugando una temporada en Universitario. Se había hecho un campeonato en Paraná, donde nos cruzamos con Belgrano, Patronato y me prestaron a Universitario. Después fui a dirigir a San José Aldea Brasilera (años 87, 88), porque mi ciclo ya estaba cerrado.

-Donde todos recuerdan que jugaste con tu hijo Fabián en la defensa.

-Yo ya tenía la experiencia de lo que me había sucedido con el pase en Atlético Paraná y no quería que le ocurra lo mismo al “Ratón” (Roberto Fabián Ayala). Él estaba jugando en la cuarta división de Paraná y querían hacerlo debutar en la Primera, pero tenía miedo que le suceda el problema del traspaso. Un día llegó llorando a mi casa y me dijo: “Papi, en Paraná no me dejan jugar más si no me ficho”. Entonces, lo llevé conmigo a la Liga Diamantina, en la cual solamente estaba la Primera y segunda división, para que entrene con la Reserva. El entrenador de este equipo me obligaba a que lo haga competir con los mayores por su nivel, y lo hice debutar como “2”. Hubo una casualidad que el “6” se lesionó y yo era el dueño de mi pase; por lo tanto, ocupé esta posición y jugamos juntos. Yo tenía 38 años y él 16.

-¿Y cómo fue esa dupla defensiva?

-Jugamos tres partidos, porque yo no quería jugar más, ya que no podía correr debido al dolor en la rodilla. Yo jugaba de líbero y él de stopper. Le sobraba para jugar ahí. Una vez estaba dirigiendo un partido donde jugaba Fabián, en el que un rival le pegó y lo mandó al Hospital. Luego, ingresé a suplantarlo y en una situación de juego, le devolví el golpe. Recuerdo que cuando el delantero lesionó a Fabián el árbitro era Tingo Medina (dirige aún en los torneos libres de Ceberpa). Le iba a mostrar la roja y yo entro a la cancha y le dije ´no lo eches, mostrale la amarilla, esto se resuelve con códigos´. Yo entro por Fabián lesionado y este delantero ni se acercaba al área porque sabía que iba a tomar revancha. Hasta que en una jugada hago como que pierdo el balón y va a buscar la pelota al vacío, cuando pasa cobró. No me olvido más. Era de Belgrano de Diamante. Cuando Fabián sale del Hospital recuperado entra el delantero en camilla. Yo tenía de preparador físico al querido y recordado profesor Balcar.

-Trabajaste en el campo, entre otras cosas, ¿Y corriste en autos?

-Sí, corrí en el Rally Entrerriano porque era una pasión que tenía. Me saqué el gusto y competí durante cinco años, cuando dejé de jugar al fútbol.

-¿Mejor posición?

-Gané varias carreras. Recuerdo que debuté en Concepción del Uruguay y culminé en la segunda ubicación. Por eso, me entusiasmé y conseguí publicidades. Seguí, pero era un gasto constante. Y luego me iban diciendo que deje de gastar plata ahí, y dejé. Los autos se rompían mucho.

-¿Hiciste otro deporte?

-No, solamente jugué al fútbol. Cuando iba a la escuela salí campeón en el lanzamiento de disco, bala y jabalina, pero eran certámenes escolares.

Formación de 1975 de Atlético Paraná. Arriba: Ayala, Del Castillo, Velásquez, E. Ortega, Ríos, Fálico, Livelli (DT). Abajo: Caniggia, Paredes, H. Ortega, Escobar y Quinteros. 

-¿Qué balance haces de tu etapa como presidente del Club Neuquén?

-Primero quiero decir que los chicos actuales (Juan Arbitelli en el máximo cargo) la llevan muy bien y en tiempos de pandemia. El club está saneado, está bien, mantuvieron la masa societaria. Yo con mi edad no se si ahora podría ocupar el puesto, porque las fuerzas no son las mismas de cuando empezás un primer ciclo.

Cuando asumí el cargo, lo hice porque la institución se remataba, prácticamente que me lo tiraron por la cabeza (estuvo en cuatro períodos). Tenía dos juicios laborales y la entidad estaba a la deriva. No llevaban Libros, nada. Viene el anterior presidente y me dice “Chueco nos van a rematar el club, ya tienen sentencia firme”.

Hablé con Pedro Comas (secretario general del gremio de Utedyc) y Raiteri padre (abogado) para que me ayuden, que me den plazo porque yo quería pagar. Primero, Raiteri se equivocó porque me dijo que el conflicto económico era “un vuelto para mi hijo”.  Y le respondí que Fabián no tenía nada que ver y ni sabía las condiciones que había agarrado el club. Yo, sería un atrevido si le pido plata a mi hijo para salvar un club y les solicité que me dieran un plazo para pagar la deuda. Me pidió un plan de pago y cumplimos. Realizamos distintas actividades benéficas para generar fondos y en dos años quedó sin deudas. Hicimos bailes, venta de vaquilla con cuero, locro, empanadas. Nos costó mucho, pero lo logramos. Estuve ocho años como presidente y renuncié porque había tomado un cargo en el municipio.  Me parecía que no era ético estar en una institución y en el Gobierno Municipal a la vez. Luego, regresé y sentí que no tenía la fuerza anterior para seguir adelante. Yo ahora hasta me borré de socio. Yo no quería volver más, porque el club te atrapa. Yo le dedicaba más horas a mi club que a mis cosas. Yo ahora me levanto a las 4 de la mañana, voy a mi fábrica, vuelvo a las 2 de la tarde, descanso un rato y salgo a vender o cobrar los productos. Ahora no podría estar.

-Pero sin dudas que Atlético Neuquén fue tu otra pasión.

-Era mi club. Tuve la suerte de estar una vez con Miguel Cacciabué que fue el fundador (25 de julio de 1933) y presidente del Atlético Neuquén Club. Fue en una fiesta del deporte que organizamos bajo mi presidencia, e incluso fue el gobernador Urribarri. Habíamos metido 3000 personas en el tinglado, con regalos para los chicos, socios. A Cacciabué lo hicimos hablar y se emocionó. Dice “Chueco que hiciste con mi club”. Y se largó a llorar. Yo lo adoraba a él y dije, “algo no le gustó”. Pero después mucho más tranquilo me dice “yo nunca pensé que íbamos a tener 2000 socios”. Fue un momento emotivo. El club siguió y sigue para adelante.

-Y ahora genera satisfacción ver cómo funciona..

-Está lindo el club porque los chicos nuevos llevan muy bien esta situación, está tranquilo y mantuvieron la masa societaria. Me borré como socio porque no quería volver más, ya que siento que el club te atrapa y en un momento le dedicaba más tiempo a la institución que a mis cosas. En la actualidad, me levanto a las cuatro de la mañana y vuelvo a las dos de la tarde para descansar y, luego, salgo a vender, cobrar o comprar cosas para mis productos. Ahora no podría manejar un club porque no tengo tiempo.

-¿Te gustó la crianza de animales?

-Sí, me gustaría quedarme con esto. Soy nacido en El Pingo (un pueblo chiquito localizado entre Hasenkamp y María Grande). Mi papá (Camilo) era ferroviario y jugó en el club Unión Las Garzas, una de las cinco que dieron creación a la Liga Paraná Campaña de Fútbol. Nos vinimos a Paraná para que pueda estudiar, y no estudié. Pero, ojo, tenía que ayudarlo a mi viejo porque éramos cuatro hijos (tres hermanas, además de su madre Cristina Aurora Bandieri) y tenía que trabajar porque eran épocas difíciles. Siempre trabajé. Ahora me gustaría dedicarme a la crianza de animales. En El Pingo mi papá fundó el Club Atlético y un salón lleva su nombre.

-¿Cuántos hijos tenés?

-Son cinco. Fabián (el mayor, su madre falleció), Cristian, Maxi y Valentina (hijos de Silvia), y Juan Antonio (hijo de Rosana, 8 años). Nueve nietos: dos de Cristian, dos Maxi y cinco de Fabián.

-¿Es difícil juntarlos a todos?

-Sí, muy difícil. Mantengo el contacto con todos y cuando pueden, vienen a mi casa, sino voy a las casas de ellos. Con todos me llevo muy bien.

-¿Aparecieron algunos “amigos nuevos” cuando tu hijo jugaba en la Primera División y en la Selección Argentina o no dejaste que entre nadie más al círculo?

-Nunca me pasó, siempre fueron los mismos. Siempre me comunico con los amigos que me dejó el fútbol porque conviví con ellos durante mucho tiempo, hasta después de retirarme y sigo manteniendo una buena relación con todos. No nos juntamos como antes, más después de lo sucedido a Paloma Quinteros (ver recuadro). Algunos muchachos fallecieron, el grupo se achicó y ya no nos juntamos.

-Hay pocos casos que hayan sido jugador, entrenador y presidente de una institución en Paraná…

-Nunca lo pensé, porque se dio con el paso del tiempo. Además, tampoco hay muchos casos que el padre juegue con el hijo de manera oficial, más allá que sea en una Liga menor, sin desprestigiar. Hace poco el periodista Alejandro Fantino le hizo una entrevista Fabián y contó que jugó conmigo en Aldea Brasilera.

-Volviendo a tu paso por el fútbol, ¿qué crees que le faltó al equipo de Atlético Paraná en la década del ‘70, ya que era un buen equipo pero perdió finales de ascenso al Nacional?

-Debíamos haber ascendido. Pero no toda la culpa tiene la dirigencia porque nosotros teníamos que ganar el ascenso en la cancha. Hubo algunas situaciones que tiene el fútbol, y que aún veo que queda algo de eso. Pero nosotros jugábamos de una manera en condición de local y, de otra, como visitante.

-¿Era una estrategia?

-Éramos un buen equipo cuando competíamos de local, pero no así de visitante. Si querés ascender, tenes que ganarles a todos y Atlético Paraná tenía ese déficit. Recuerdo que una vez bajamos del colectivo para jugar con Mandiyú de Corrientes y un correntino sacó una faca, con la cual rayó el colectivo y nos dijo: “Ustedes, acá, no van a ganar chamigo”. Claro, los muchachos se fueron para atrás y se querían subir al micro. Y hay que jugar bajo esas circunstancias, teniendo temple y aguantando. Recuerdo que agarré a un policía y le pedí que nos proteja y nos lleve para la cancha. Iba al frente. Tal vez yo era inconsciente pero no tenía miedo en esa época. Incluso cuando jugamos en Patria de Formosa donde “apretaron” al árbitro por altoparlantes mencionando que ellos tenían que ganar sí o sí, a mi me echan de la cancha. Salí muy molesto de la cancha, además el árbitro me había advertido que me iba “a sacar”. Los hinchas me querían linchar y el doctor Ricardo Rizzo me sacó del lugar con una pistola en la mano, era militar y era la única forma de salir de la cancha.

-¿Seguís el fútbol actualmente?

-No, no lo sigo. Mi vida ahora está en el campo.

-Es un estilo de vida en el campo, pero es muy sacrificado levantarse temprano todos los días. ¿Qué encontrás en este modo de vivir?

-De lunes a sábado, me levanto a las 4.30. A los trabajos pesados, los realizan los muchachos jóvenes, pero me gusta andar en el tractor para sembrar, arar o desmalezar la pastura. Me meto entre los animales, les doy de comer. Me gusta lo que hago. Estoy chocho con eso.

-¿Cuando viene Fabián hablan de fútbol?

-Sí. En realidad siempre que vienen mis hijos, armamos un torneo de pesca y lo hacemos para estar juntos. La última vez nos juntamos una semana en Curtiembre. Vamos con Cristian, Fabián y Maxi.

-¿Tuviste algún momento de zozobra por una situación económica o laboral? ¿Cómo se sale de eso?

-Sí, me ha tocado y el remedio es trabajar. No conozco otra opción más que trabajar, a pesar que mucha gente cree que Fabián me sostiene económicamente, pero no me dio nada más que el orgullo de que sea mi hijo y sea lo que fue. Si esto no fuera de esta manera, ahora, tendría que tener una estancia de mil hectáreas. Y tengo 4 hectáreas por Colonia Crespo y me levanto a las cuatro y media de la mañana.

-¿Por qué se dio tu paso por la política?

-Fueron cuatro años. José Carlos Halle (2007-2011), me llamó y me dijo que necesitaba una figura deportiva que conozcan en Paraná para su gabinete. Eso le había mencionado el “Pato” (Sergio Urribarri, candidato a gobernador) a él. Y me dice que dentro de los compañeros que tenía no había una figura que lo conozca todo el mundo. Por eso me llamó.  Yo era presidente de Neuquén y conocía el movimiento de los clubes. Eso me ayudó mucho para esta etapa y acepté. Igualmente nunca me gustó la política. Yo estaba en una etapa de sacar el club adelante y mantenía contactos con funcionarios continuamente para obtener algunos beneficios en la institución. Me atrapó aportar socialmente desde el club y le puse mucha pasión a esto. Y con la política siempre tenes que andar bien, porque algo siempre le pedís, que máquinas, que esto que aquello. Pero a su vez al gobierno le viene bien que los clubes estén llenos de gurises, que les vaya bien, que practiquen deportes y no tirados por la droga. Eso lo inculqué en Neuquén. Y estar en Deportes de la Municipalidad me gustó. Le puse mucha pasión, le metí, le metí.

-En la gestión de Halle comenzaste en Deportes y terminaste en Vialidad de la Municipalidad.

-Sí, me pidieron que los ayudara, y me terminé vinculando en un momento que quería cerrar esa dependencia. El deporte me sirvió para armar un gran equipo de trabajo con muchas personas que en algún momento me crucé en una cancha. Ser conocido, rivales o compañeros me sirvió. Me gustó concretar las obras, pero no hacer política. Asfaltamos más de 100 cuadras con gestión Municipal. Terminé mi período y no seguí. Hubo un llamado del sector de Blanca Osuna pero no continué.

-¿Jugadores de tu época en modo selección de esos tiempos?

-Sin dudas Osoro en el arco. Albarracín, de Peñarol, era un central extraordinario. Tenía juego aéreo, le pegaba fuerte a la pelota y salía jugando. Tenía todas las condiciones. En la defensa Ortega de Paraná o Hijo Lell de Patronato, dos señores marcadores de punta. Fálico siempre sobresalió como líbero y el otro lateral Armando Sosa, de Peñarol que luego pasó a Colón. Y agrego a mi amigo Carlitos del Castillo. Después en el medio para adelante Carulo Escobar, Fofito Avellaneda, Belloni, Toti Brunengo, el Negro Villalba, Paloma Quinteros, Héctor Ortega y el Tarta Martínez. También me sorprendió y además es un excelente tipo, Gerardo Giménez en Universitario.

-¿Alguna pregunta que faltó?

-Paseamos por varios temas. Tengo 69 años y me siento muy activo. Solamente decir que estoy bien, me siento bien.

El recuerdo por “Paloma” Quinteros

Al grupo de la década del 70 de Atlético Paraná le afectó mucho lo sucedido el 8 de noviembre de 2003 cuando uno de los ex integrantes del plantel futbolístico, Víctor Paloma Quinteros, encontró una terrible muerte. Dormía la siesta cuando los gritos desesperados de su esposa lo despertaron. Un conocido hampón de la ciudad, Gabriel Massat, y un cómplice querían robar en la Agencia de Tómbola de su propiedad. Quinteros llegó raudamente al lugar y cuando los maleantes escapaba, Massat le disparó a Quinteros. Fue un certero tiro al corazón que terminó con su vida.

“Nunca nos pudimos recuperar de ese suceso, me hace mal recordar lo que pasó. Era muy querido. Después de ese suceso el grupo no se juntó más. Hubo intenciones pero ya no era lo mismo”, rememoró Ayala.

Luego agregó: “Yo primero lo tuve como rival, él jugaba en Paraná y yo en Neuquén. Luego me compra Paraná y fuimos compañeros. Como rival era difícil marcarlo por su velocidad, además manejaba muy bien las dos piernas, con buena técnica. Y como compañero, excelente. Además tenía mucha precisión en los córners, iban a la cabeza. Lo quería mucho, éramos como hermanos, nos juntábamos a tomar una gaseosa en el Bar de los Ortegas en la esquina frente a la cancha de Paraná después de los entrenamientos”. Recuerdo una anécdota de cuando yo estaba en Universitario y el en Patronato, ambos habíamos ido a préstamo de Paraná. “Nos enfrentamos en un partido y en un cruce me da un cachetazo. Lo seguí hasta el córner, para tomar revancha y cuando se da vuelta me dice ´disculpame Ayalita no te reconocí´ y nos reímos los dos”.

Amargamente reflexiona que “más allá luego que quien lo mató también encontró la muerte en un enfrentamiento con la Policía siento que no se hizo justicia, porque no fue preso por lo que le hizo a Paloma. Hoy todavía nos cuenta olvidarnos de ese momento”.

“Mucha gente cree que Fabián me sostiene económicamente, pero no me dio nada más que el orgullo de que sea mi hijo”, sostuvo.

El ascenso que no pudo ser

En la década del 70 Paraná tuvo chances para llegar al Nacional aunque cayó en las finales. En 1973 ante Chaco For Ever ganó 2 a 1 pero cayó 4 a 0 de visitante. Cerca 2000 personas acompañaron al Decano. En 1975 perdió por penales ante Sportivo Patria. Se había ganado en su casa 2 a 1. Por el mismo resultado y misma forma cayó en 1976 ante Mandiyú de Corrientes. Finalmente en 1977 perdió los dos juegos ante Sarmiento de Chaco 1 a 0.  En una entrevista realizada a Alberto Ríos, compañero de equipo dijo de Ayala: “Un gran cabeceador en las dos áreas. Daba mucha seguridad”.

FUENTE: Semanario Análisis.

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